Me uno -con carácter personal y no como profesor- a la iniciativa de la Aldea Irreductible, que han secundado más de 800 blogs e incluso algunos periódicos nacionales y la propia RTVE.
No me gusta hablar de política, pero esto clama al cielo.
Ayer me quedé francamente soprendido, por no decir francamente defraudado, al escuchar las declaraciones de la Misitra de Ciencia, Cristina Garmendia.
No sólo negaba el tremendo recorte que ha sufrido la partida destinada a I+D”+i” en los presupuestos generales, sino que reiteró que sólo se trata de una “redistribución” y que quien no opinase así estaba “faltando a la verdad”.
Ya he dicho que no me gusta hablar de política, pero es demasiado vergonzoso.
Quizás no hubo malicia en esa rueda de prensa; quizás la educación en España está tan mal después de tantos cambios y giros por parte de los partidos de turno que ni los ministros saben hacer las “sumas con signo” que practicábamos en nuestra infancia con los cuadernos Rubio; quizás es más importante dilapidar el dinero que paga cada ciudadano con sus impuestos en reactivar las “industrias” que sólo engordan los bolsillos de los que más tienen y así los políticos pueden hacerse fotos con los famosetes de turno, este año tenemos toda clase de ejemplos: subvenciones para comprar coches (la mayoría extrangeros y con un consumo poco “sostenible”) y motos, subvenciones para llevar agua embotellada en barco a la desembocadura de los ríos, subvenciones para desmantelar centrales en buen funcionamiento, subvenciones para poner parches en las zonas del mundo en guerra (a las que les vendemos no poco armamento)…
Por no hablar del resto de regalos de navidad que no llegan a todos a los que les han “tocado”: subvenciones para el alquiler, subvenciones para subsidio por desempleo, subvenciones para fomentar la natalidad, subvenciones por haber publicado un disco musical hace menos de 70 años (bueno de esto se encarga la SGAE cobrándonos el canon y repartiéndolo de forma desigual como le apetece), y un largo etcétera.
Ante este despliegue de “ofrendas” la gente se calla y no protesta aunque tengamos casi un 20% de paro.
Por su parte, los medios de comunicación incentivan con programas basura (financiados con más subvenciones por parte del gobierno) a que los más jóvenes aspiren a convertirse en futbolístas, famosetes del tres al cuarto ó simplemente “empresarios” que den pelotazos para llenarse los bolsillos a dos manos sin aportar nada. Se potencia un modelo ideal de comodidad y pasotismo, en lugar de promover el esfuerzo, el trabajo duro y la iniciativa para formarse y ser más productivos.
El recorte ha sido brutal, por mucho que lo quieran maquillar los políticos (me gustaría saber a en qué regalitos se ha “redistribuido”, ya que por una vez admiten parte de la verdad) y tendrá una influencia negativa en los años venideros. Se había conseguido que en algunos indicadores, de los que tanto presumen, España se encontrase sólo en noveno lugar a nivel mundial. Con un presupuesto ya de por sí ridículo, de tan sólo seis Cristiano Ronaldos, para un país que era considerado la octava potencia económica mundial, un recorte no sólo no favorecerá la permanencia en la cresta de la ola científica sino que impulsará a que muchas mentes brillantes huyan al otro lado del charco.
No nos engañemos, nuestro tejido empresarial es muy frágil y está basado principalmente en pequeñas y medianas empresas de carácter familiar, que apenas tienen capacidad para llegar a la “i pequeña” de innovación del I+D+i con un gran esfuerzo por su parte para lograr subsistir. La falta de subvenciones aplicadas donde merece la pena invertir para asegurar un futuro, el aumento de los impuestos, el sangrante precio de las patentes y la propia crisis van a apretar aún más nuestra maltrecha economía por una pesima gestión de aquellos que quieren “mandar” en lugar de dirigir.
Señores políticos -sean del color que sean- si de verdad quieren que se labre un futuro prometedor deberían dejar de pensar en comprar votos, y ponerse las pilas para sembrar y dar la posibilidad a toda la sociedad española de ser competitiva el día de mañana.